
Yo no soy vegetariana, decirlo así sería exagerado. Mucho más, por algun hecho de noséqué, la carne no la como demasiado a menudo. Simplemente no se me ocurre, mientras hago la compra, de llevarme a casa el filetito de lomo para el almuerzo. Por lo menos por lo que concerne la carne, o mejor dicho, los animales como parte principal de la comida, quiero decir, porque quién me toca el bacon de mis espaguetis a la carbonara, o el jamón serrano dentro del bocadillo de pan de aceitunas, o el atún crudo en el sushi lo mato.
Pero el filete de ternera a la plancha os lo podéis quedar sin ningún probema que no me pongo a llorar, es más se lo cedo con mucho gusto (sobre todo de su parte) al Argentino de casa, que él sin su montaña diaria de proteínas animales sí que no puede vivir.
Y entonces, como novia pseudo-vegetariana de un panchito exageradamente carnivoro, ocurre que me han tocado y me siguen tocando muchos, per muchos asados, el último de ellos justo el otro domingo, en el Isar, el río en el que en cuanto salgan dos rayitos de sol se encuentran los tres cuartos de Munich semidesnudos, armados de barbacoa y un buen noventaitres por ciento de los litros de cerveza producida en total por las cinco cervecerías de la ciudad.
Así que fue pronto claro que para evitarme una intoxicación de carne (y como de cerveza sola no se vive) tenía que inventarme una valida alternativa al trozaco de asado en costra de panzeta con contorno de salsichitas. Y aquella se llama: queso!
Sí, lo admito, soy una fan del queso. Ya de niña, adiestrada por mi niñera, me encantaba trocear los diferentes quesos que encontraba en la nevera, ponerlos en un platito en el microondas para luego deliciarme a mí misma con quemaduras en la lengua y a mi madre con mi ropa empegajada de queso hilante. Si lo pienso bien, creo que aquella debe haber sido mi primera receta con uso de electrodoméstico (más o menos contemporanea al pan con chocolate, también de microondas). Y en la barbacoa lo fantástico es: funciona de la misma forma!!
Pero el queso solo, quién me conoce lo sabe, sería primero de todo aburrido, demasiado facil de hacer, y además llevaría probablemente a la trágica liquefacción y consiguiente caída de gran parte del precioso lácteo dentro del fuego. Por eso que, en una fusión de mis memorias de niña gourmet y del espiritu de explorador que todos llevamos adentro, aquel fatídico domingo en la orilla del Isar desarrollé unos de los más sublimes substitutos-de-asado nunca visto:
los panquesitos!
(también conocidos como quesos en costra de pan)
que se hacen así.
Para el pan:
- 500 g de harina
- 1 cucharadita de sal
- 50 g de levadura fresca
- 1 cucharadita de azúcar
- alrededor de 200 ml de agua tibia
- 4 cucharadas soperas de aceite de oliva
La mañana fatidica, desolver la levaduray el azúcar en el agua tibia y verter todo en un cuenco junto a la harina, la sal y el aceite y amasar bien, añadiendole harina si resulta demasiado pegajoso, o corrigiendo con agua si se queda demasiado seco. Para transportarla de la mejor forma, yo he puesto la masa dentro de una fiambrera de plástico bien amplia, y digo amplia porque besado por el sol y mecido por el viaje, seguro que nuestro pequeño panecillo querrá seguir creciendo incluso estando en un recipiente cerrado y entonces, por evitar explosiones, diría que mejor dejarle espacio…
A esto se añade vuestro queso absolutisimamente favorito, en mi caso la scamorza affumicata, una especie de mozzarella curada y ahumada que aquí en Munich se encuentra en la mayoría de las dosmilquinientas tiendecillas de alimentación exclusiva que hay y hasta en algunos supermercados – aunque yo, ya que estamos, aconsejaría vivamente un paseo degustatorio por el Münchner Viktualienmarkt, el mercado de las comidas.

Como ya dicho, scamorza o cualquier otro queso preferido por vosotros que sea suficientemente duro como para sobrevivir a una excursión outdoor y seguir siendo cortable también a temperaturas veraniegas.
Bien, y cuando habréis encontrado la “pieza” de vuestro corazón y la habréis comprada, la empaquetáis junto a la masa del pan, a vuestros amigos carnivoros con sus equipajes sangrientos y añadiendole barbacoa, carbón, crema solar, pelota de football etcetera etcetera, transportad todo al lugar de la barbacoa perfecta.
Llegados al lugar X (y no antes de haberos puesto la cremita solar), sacad vuestra masa, destapadla y ponedla en el sol debajo de un trapo húmedo para que pueda seguir levando otra media horita por lo menos. Mientras ya podréis ir cortando el queso, encendiendo la barbacoa, jugando a la pelota, tomando una cervecilla…
Para preparar los paquetitos, quitar un poco de masa por vez y aplanarla entre las manos (mejor traer un poco de harina para la operación…) poner un poco de queso al centro y cerrar el paquetito presionando bien de manera que no queden “costuras”. Poner los panquesitos encima de la rejilla, mejor si sobre una hoja de papel de aluminio para recoger eventuales perdidas de queso (que serían imperdonables!) Ah, y olvidaba el toquecito de las semillas de girasol encima…

Tras contratar con el maestro fuegero en cuestión y habiendo averiguado que la brasa esté en su punto estamos listos para hornear! 6-10 minutos (según tamaño de los pancitos) por lado son suficientes para que el pan se cocine y el queso se funda.
Comer enseguida, todavía calientes y sobre todo sin olvidaros de quemaros la lengua



La scamorza, pequeña nota a parte, esta buenísima también sola (retiro todo lo que he dicho arriba sobre el queso solo….sobre todo cuando termina la masa y queda solo el queso….) simplemente cortada en rodajas, puesta encima de la barbacoa sobre un papel de aluminio y dejada fundir un poco…

…quién necesita carne, así???

pd. De todas formas, la serie barbacoera continúa en las próximos capitulos… no se los pierdan…









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